Una especie interesante

¿Has oído hablar de los gurlangs, hijo? Abundan por aquí. Miden hasta tres metros, mandíbulas de acero, cuatro juegos de dientes retráctiles… y totalmente invisibles. Cuando llegué a este planeta no sabía ni que existían. Fue una noche de tres lunas como esta. Dolt… ¿Te conté sobre él? Un buen chico… Dolt y yo teníamos la primera guardia y conversábamos desde hacía un rato. Ya sabes: mujeres, el campamento, la infancia allá en la Tierra, mujeres… En ese momento oí el chasquido y una lluvia de sangre me cayó encima. Los huesos de Dolt crujían y la carne se hizo agua bajo los efectos del ácido, corriendo por miles de millones de conductos hacia las células del gurlang. Es el único momento en que se hacen visibles, la digestión celular dura unos segundos y luego se desvanecen otra vez. Te digo, son asquerosos. El terror me dejó clavado en el lugar. Afortunadamente se contentan con un hombre, o a veces hasta un jovencito como tú, depende del tamaño del gurlang. No, hijo, no trato de asustarte, solo quiero que uses la visión térmica de vez en cuando y no te separes de mí. Es lo más prudente.

Nota: Este relato fue ganador del XIII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura en 2015, auspiciado por la revista digital miNatura.

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